Cómo Interpretar Correctamente la Biblia: Principios Esenciales

Hermenéutica

Por Doug Thirkettle

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La importancia de creer en cosas verdaderas, en oposición a cosas falsas, no puede subestimarse. Creer en aquello que es lo opuesto a la verdad – la mentira – lleva consigo consecuencias que pueden ser tan severas como la condenación eterna (2 Tesalonicenses 2:11-12). Aquellos que participan en torcer las Escrituras – forzándolas a significar algo que no significan – están tan condenados como quienes creen la falsa teología que ellos inventan (2 Pedro 3:16).

¿Cómo llegamos a la verdad bíblica? Los teólogos instruidos a menudo dan prioridad a fuentes secundarias por encima de una lectura simple de la Biblia. Léxicos, libros de historia, padres de la iglesia y la tradición eclesiástica son frecuentemente invocados como argumentos para una cierta interpretación de un texto bíblico. Si bien estas herramientas son útiles e interesantes, solo la palabra de Dios debe ser nuestra guía y sostén, no las palabras de hombres instruidos, pero falibles (Proverbios 3:5).

La Biblia da principios claros para su interpretación:

1. La interpretación de la palabra de Dios no es privada (secreta, esotérica, restringida por clase).

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada.”

2 Pedro 1:20

Los léxicos, diccionarios, libros de historia y los padres de la iglesia no son suficientes por sí mismos para proporcionar un entendimiento de la palabra de Dios. Durante la Edad Media en Inglaterra, cuando la Biblia solo estaba disponible en latín, la gente común tenía que aprender de los sacerdotes lo que la palabra de Dios decía. Debido a esto, la iglesia católica tenía un dominio absoluto sobre la doctrina cristiana. La Biblia podía decir lo que ellos interpretaran privadamente que dijera. Ahora que Dios nos ha dado la Biblia en prácticamente todos los idiomas del mundo, nadie tiene que confiar en las interpretaciones privadas de sacerdotes, lingüistas, historiadores, padres de la iglesia o enseñanzas tradicionales para saber lo que dice la Biblia. La Biblia es su propio expositor, sin otro requisito para sondear con éxito sus profundidades que un nivel moderado de alfabetización.

  1. Comparar escritura con escritura.

“Porque mandato tras mandato, mandato tras mandato; línea sobre línea, línea sobre línea; un poco aquí, un poco allá.”

Isaías 28:10

El método bíblico de interpretación consiste simplemente en comparar pensamiento con pensamiento, pasaje con pasaje. Reunir todas las Escrituras relacionadas con un tema y compararlas.

“La Biblia es su propio expositor. Un pasaje resultará ser la llave que abrirá otros pasajes, y de esta manera se arrojará luz sobre el significado oculto de la palabra. Comparando textos diferentes que tratan del mismo asunto, y viendo su relación por todos lados, el verdadero significado de las Escrituras será puesto en evidencia.

Christian Education, p. 85
  1. Ningún pasaje debe ser ignorado o dejado a un lado.

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.”

Deuteronomio 4:2

Un método incorrecto para determinar la verdad bíblica es el llamado “peso de la evidencia.” La verdad no se determina por mayoría en la ciencia ni en la política, y tampoco es un método válido en la hermenéutica. Cada versículo debe tener peso en la interpretación; ninguno debe ser descartado o ignorado.

“Cada palabra debe tener su debido peso en el tema presentado en la Biblia.”

Review and Herald, 25 de noviembre de 1884.
  1. Nuestra interpretación debe ser probada por los testimonios, no reemplazarlos.

Un atributo clave de la iglesia de Dios en los últimos días es que posee el don de profecía (Apocalipsis 12:17; 19:10). En el Antiguo Testamento, Dios habló a los padres por medio de los profetas.

“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

2 Pedro 1:21

La Biblia nos dice que este mismo don —un mecanismo para la edificación y purificación del pueblo de Dios— es colocado en la iglesia. No es un don temporal que Dios provee en pocas ocasiones, sino un don establecido en el pueblo de Dios que provee continuamente corrección y amonestación.

“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros; después dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, diversidad de lenguas.”

1 Corintios 12:28

Desafortunadamente, el pueblo de Dios tiene una historia de negarse a escuchar las palabras claras de los profetas. ¿Pensamos que somos diferentes de los que vinieron antes, que rechazaron las palabras de los profetas en favor de sus propias opiniones y tradiciones?

“Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, levantándose de madrugada y enviándolos; mas no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar.”

Jeremías 25:4

El Espíritu Santo, por medio de las palabras de los profetas, nos guía a la verdad. Si rechazamos la exhortación de un profeta, rechazamos la exhortación del Espíritu Santo. Si rechazamos el Espíritu Santo, rechazamos la verdad. Si rechazamos la verdad, rechazamos la vida y la salvación. Por eso la Biblia nos advierte no solo sobre aceptar las mentiras de falsos profetas, sino también sobre rechazar la verdad dada por profetas verdaderos.

“Sin profecía el pueblo se desenfrena.”

Proverbios 29:18 (RV1865)

Aunque los escritos de Elena White no deben ocupar el lugar de las Escrituras, son el testimonio de Jesucristo, y deben recibir el debido respeto. Los testimonios se dan para guiarnos en nuestra interpretación de la Biblia. Nuestra interpretación debe estar sujeta a ellos.

“La palabra de Dios es suficiente para iluminar la mente más oscurecida, y puede ser entendida por aquellos que desean sinceramente comprenderla. Pero a pesar de todo esto, algunos que profesan estudiar la palabra de Dios viven en directa oposición a sus enseñanzas más claras. Entonces, para que hombres y mujeres queden sin excusa, Dios da testimonios claros y directos, llevándolos de vuelta a la palabra que han descuidado seguir.”

Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 455

Los testimonios no se dan para suplantar la Biblia. Debemos entender que el propósito de las visiones en los últimos días es consolar y corregir al pueblo de Dios. No deben usarse para contradecir la Biblia ni deben ser dejados de lado con indiferencia.

“Te recomiendo, querido lector, la Palabra de Dios como la regla de tu fe y práctica. Por esa Palabra seremos juzgados. Dios ha prometido en esa Palabra dar visiones en los “postreros días”; no como una nueva regla de fe, sino para consolar a su pueblo y corregir a los que se desvían de la verdad bíblica. Así trató Dios con Pedro cuando estaba por enviarlo a predicar a los gentiles (Hechos 10).”

Early Writings, p. 78

El modo correcto de usar los testimonios de los profetas no es buscar citas que apoyen nuestras ideas, sino formar nuestras ideas a partir de la Biblia, y luego acudir a los testimonios para obtener guía adicional y, si es necesario, corrección. El pastor H.M.S. Richards Sr. habló con Elena White y le pidió consejo sobre cómo usar sus escritos. Ella supuestamente respondió:

“Primero, pídele a Dios que te dé tu tema. Cuando lo hayas elegido, ve a la Biblia hasta que sepas con certeza lo que realmente enseña sobre ese punto. Después, consulta los escritos y ve lo que puedes encontrar sobre el mismo tema y léelo. Puede arrojar luz o guiarte a otros pasajes o aclarar algún punto.”

Ministry Magazine, octubre de 1976, p. 6

5. La humildad: el atributo más importante del estudiante de la Biblia

Si no tenemos sed, ¿desearemos beber agua? Si creemos que nuestra copa ya está llena, ¿permitiremos que Dios añada más? El mal de resistirse a nueva luz —al desarrollo de nuestra comprensión de la palabra de Dios— es el rasgo condenable de los laodicenses y de todos los cristianos tibios.

“Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.”

Apocalipsis 3:17

Pablo advirtió contra la ilusión de pensar que sabemos algo como deberíamos saberlo —es decir, en su máxima extensión—:

“Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.”

1 Corintios 8:2

Una vez que llegamos a la posición de creer que ya sabemos todo lo que hay que saber, que nuestra comprensión actual está más allá de la corrección o modificación, socavamos todo nuestro sistema de creencias, y ninguna de nuestras posiciones o interpretaciones bíblicas puede ser confiable, porque carecemos precisamente del atributo que nos permitiría aprender y comprender. Este socavamiento de nuestra capacidad de interpretar y entender correctamente la palabra de Dios tiene las consecuencias más severas: la condenación de nuestras almas.

“De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo 18:3

¿Cómo podemos evitar esta mentalidad perniciosa y permitir que la palabra de Dios nos guíe, nos enseñe y nos lleve a la verdad pura? Simplemente debemos rendir nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Permitir que nuestra sabiduría se vuelva necedad —no dar crédito a lo que creemos saber y dar todo el crédito a lo que la Biblia dice claramente.

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.”

Juan 7:17

La regla más importante es la humildad, porque sin ella, nuestra propia sabiduría, nuestra propia habilidad para interpretar la Biblia, nuestro conocimiento de hebreo, griego, historia o humanidad, se vuelve nada. El hombre que confía en su propio conocimiento, confía en sí mismo —y pone su confianza en el brazo de carne débil, falible y errante. Tal condición nunca permitirá que obtengamos un entendimiento salvífico de la verdad. El requisito fundamental de la interpretación bíblica es la disposición a permitir que la Biblia nos enseñe, a pesar de todos los entendimientos previos y de nuestras ideas preconcebidas sobre lo que constituye la verdad.